Los principios de Jesús sobre las relaciones personales

Mar 6, 2020 | 40 Dias en Amor

Cada vez que uno anda con un experto, tiene la oportunidad de aprender y cambiar. Durante los pasados cuarenta días hemos caminado junto a Jesús, enfocándonos en lo que podemos aprender de él en cuanto a las relaciones personales.

Hemos visto la prioridad que Jesús les asignó a las relaciones personales. En respuesta a la pregunta: «De todo los mandamientos, ¿cuál es el más importante?», Jesús respondió: «El más importante es: “Oye, Israel. El Señor nuestro Dios es el único Señor… Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” El segundo es: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” No hay otro mandamiento más importante que éstos» (Marcos 12:29-31). Él sabía que iba a morir al día siguiente, así que escogió sus últimas palabras en esos últimos momentos para comunicar algo que quería que ellos nunca olvidaran: «Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros» (Juan 13:34).

 

Hemos visto a Jesús viajando por caminos polvorientos, hablándoles con sinceridad y amor tanto a sus mayores enemigos como a sus mejores amigos. Sin importar que fueran fariseos o discípulos, Jesús les habló con claridad desde su corazón a todos los que encontró. El ejemplificó fa verdad que enseñó: «De la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34).

 

Hemos visto a Jesús llamándonos a seguir la regla que fortalecerá cualquier relación… la regla de oro: «Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes» (Lucas 6:31). Jesús mismo modeló la verdadera naturaleza del amor sacrificado, amando a sus enemigos y entregándose por nosotros en la cruz.

 

Usted tal vez ha tratado de amar así, solo para darse cuenta de que se ha quedado corto. No deje que el hecho de haber tropezado en la primera etapa le impida terminar la carrera. Usted tiene que tropezar antes de caminar, y caminar antes de correr. E incluso una vez que logre su paso, hallará que a veces tropieza.

 

Le invito a dejar a un lado todos esos pensamientos que atiborran su mente con razones por las que no puede aplicar estos principios de Jesús sobre las relaciones personales. Apenas por un momento, abra su mente a la fe y sueñe conmigo. ¿Cómo sería su vida si empezará a poner en práctica en todas sus relaciones esta clase de amor que Jesús enseñó?

 

Asígnele el más alto valor a las relaciones personales. Imagínese a sus hijos ya crecidos que le miran directo a los ojos y le dicen:
«Sin importar lo atareado que estuvieras cuando nosotros crecíamos, siempre supe que yo era más importante que cualquier proyecto o trabajo». Imagínese que alguien le dice: «Sin amigos como tú, no lograría salir adelante».

 

Ame como Jesús le ama. Imagínese un nuevo poder para amar de una nueva manera. Imagínese unas relaciones personales con otros seguidores de Jesús que ofrezcan una muestra del asombroso amor de Cristo.

Comuníquese desde el corazón. Imagínese a usted mismo diciendo la clase de palabras que caen como piedritas en un lago y provocan que las olas se extiendan hacia fuera, cambiando para lo mejor toda la atmósfera de su casa 11 oficinas. Imagínese a su esposo o esposa diciendo le al oído: «Gracias por ser sincero con respeto a tus sentimientos. Nuestro matrimonio nunca sería así de grandioso si no me hubieras contado los sentimientos con los que estabas luchando durante aquel tiempo hace años».

Tal como usted juzga, así lo juzgarán. Imagínese a un compañero de trabajo diciéndole: «Cuando todos los demás se reían de mí a mis espaldas, tú me ofreciste una compasión real y comprensión. No sé mucho todavía de ese Jesús al que tratas de seguir e imitar, pero sí sé que quiero tener lo que tú tienes».

Las personas más grandes son las que sirven. Imagínese a usted mismo estando en la presencia de Jesús y oyendo las palabras: «Bien hecho, siervo fiel y bueno».

Trate a otros cómo quiere que lo traten a usted. Imagínese que un amigo viene a verlo y le dice: «Cuando me diste ese abrazo [o me trajiste esa comida, o me mandaste esa nota el año pasado, o… ], nunca supiste de qué manera ese solo acto de bondad cambió mi vida. Las cosas nunca han sido iguales desde ese momento».

 

Al terminar juntos esta jornada, le invito a elevar conmigo esta oración:

 

¡Jesús, con mis propias fuerzas no puedo amar de esta manera! Muéstrame cómo, y luego dame la fortaleza. Necesito más que tú ejemplo; necesito tu poder. Humildemente te pido tu poder. Señor, quiero amar como tú amaste. Por alocado que pueda ser este sueño, y por elevada la meta que se ha establecido, me comprometo a pasar el resto de mi vida procurándolo. Quiero ser como tú, Jesús. Quiero amar como tú, Jesús. Gracias desde lo más profundo de mi alma por amarme. En tu nombre, amén.

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