La vid y las ramas

Feb 29, 2020 | 40 Dias en Amor

Toda esta charla en cuanto a la grandeza humilde es difícil para muchos de nosotros.

Algunos han tenido su pensamiento tan fijo en la grandeza que en lo que piensan es en la humildad; otros se han concentrado tanto en la humildad que cualquier pensamiento de grandeza les parece de alguna manera equivocado. Nuestras mentes suplican por una imagen de cómo se verían la humildad y la grandeza en el mismo cuadro. Felizmente, Jesús nos ofrece tal imagen en Juan 15, en donde enseña en cuanto a la vid y las ramas.

 

Jesús sabía cómo hacer las cosas asombrosa y profundamente sencillas. Él dijo: «Yo soy la vid y ustedes son la ramas» (versículo 5). Esta es una imagen sencilla, la cual comunica las dos cosas que necesitamos recordar todos los días a fin de vivir la vida grandiosa que Dios quiere que vivamos: él es la vid, nosotros somos las ramas. No es el propósito de Dios que usted viva una vida agobiante, en la que sus relaciones personales giran descontroladas o en la que de continuo piensa: «Me encantaría lograr más, pero simplemente no estoy haciendo lo que Dios quiere que haga». Él desea que usted tenga una vida grandiosa. Jesús usa un poderoso concepto para describir la vida satisfactoria y significativa que él quiere que usted viva: dar fruto. Nadie tiene una vida libre de problemas, pero Jesús quiere que todos vivamos una vida fructífera. Y esta vida empieza al recordar dos cosas: yo soy una rama y Jesús es la vid.

 

Yo soy una rama

 

Las personas grandes tienen una buena idea de quiénes son. Esta es una de las claves para ser fructíferos en la vida. En Juan 15 Jesús compara nuestras vidas a un viñedo. Dios es el labrador, Jesús es la vid, y nosotros somos las ramas. Algunos piensan que un viñedo es la más difícil de todas las empresas agrícolas. Sin embargo, exige más cuidado constante y más trabajo arduo que cualquier otro tipo de cultivo. [Aunque para nuestro alivio, eso no es nuestra preocupación! Dios es el hortelano, no usted. Dios es el que provee ese cuidado. Dios es el que cuida su vida.

 

Jesús es la vid. La vid obtiene del suelo fuerza que da vida y fruto para dársela a las ramas. Es en Jesús que usted halla la vida que necesita. ¿Alguna vez ha tratado de permitir que alguna otra cosa sea su vid aparte de Jesucristo? Todos hemos buscado gozo y propósito en otras partes. Sin embargo, Jesús anhela que recordemos esta verdad sencilla: él es el único lugar donde encontrar vida. Él es el camino, la verdad y la vida. Él es la vid.

 

Usted es una rama. ¿Cuál es la tarea de una rama? La rama debe permanecer conectada a la vid. En esencia, eso lo resume todo. Cuando la rama permanece conectada, el jardinero la mantendrá bajo cuidado constante y le permitirá extraer vida de la vid. Usted depende de la vid. La vid es donde se hallan la vida, el crecimiento y el fruto.

 

Yo soy una rama. Eso es lo que soy. Si usted es como yo, tiene que recordar todos los días esa realidad. Y como rama, su llamado es a cumplir el deseo de Dios de que dé fruto. ¿Cuál es el fruto? La rama reproduce la vida que está en la vid. El fruto es ser semejante a Jesucristo... no solo en sus pensamientos, sino también en sus acciones. Mientras más semejante a Cristo sea usted, más fructífera será su vida. La vid da vida a la rama.

 

Una advertencia importante antes de seguir: usted es una rama que Dios espera que dé fruto, y a fin de que sean fructíferas, a las ramas hay que podarlas. Si no entiendo la poda, voy a estar confundido el resto de mi vida. Parecerá como si Dios estuviera haciendo grandes cosas en mi vida y me mantuviera creciendo… ¡y entonces de repente habrá un corte! «Dios, ¿por qué hiciste eso? ¡Ese era mi mejor brote! Tenía hojas grandes».

 

Las vides necesitan una poda drástica para continuar rindiendo fruto. El hortelano cortará entre el noventa y el noventa y cinco por ciento de una vid durante la poda. La poda duele. No hay poda sin dolor. No obstante, en el dolor se halla la promesa de un mayor fruto.

 

Crecí en el norte de California en una comarca llamada «la región vinícola». Allí no se puede conducir durante cinco minutos sin pasar por un viñedo. En el verano, los viñedos se ven verdes y exuberantes, y según las uvas empiezan a formarse, las ramas se llenan de frutos. En el otoño, los viñedos son incluso más hermosos conforme las hojas de las vides se vuelven de color rojo vivo y dorado. En la primavera, los viñedos son horribles. Las hojas se han caído, se han podado las ramas, y el viñedo es una hilera tras otra de palos pelados.

 

Tal vez sea primavera en el viñedo de su vida en estos momentos. Usted mira su existencia y dice: «[Es simplemente un montón de palos pelados y feos! ¿Qué está haciendo Dios en mi vida?» Él ha estado podando. El fruto vendrá. Sí, duele ser podado pero Dios está más interesado en su crecimiento que en su comodidad. Dios le ha estado podando. A través de la Palabra de Dios, las relaciones personales, las circunstancias, él lo ha estado podando. Usted es una rama, y el hortelano está trabajando para hacer de usted la rama más fructífera posible.

 

Jesús es la vid

 

En Jesús es donde se halla la vida verdadera. Él nos dijo que nosotros como ramas debemos permanecer en la vid. La palabra permanecer aparece diez veces en los primeros ocho versículo s de Juan 15. Jesús quiere cerciorarse de que veamos la necesidad de permanecer y confiar en él.

 

¿Qué quiere decir permanecer? La respuesta es sencilla cuando recordamos que estamos hablando de la vid y sus ramas. Permanecer quiere decir estar conectado. Jesús está diciendo: «Permanezcan ciento por ciento conectados a mí». Algunos complican la palabra permanecer, añadiendo todo tipo de niveles de significado para tratar de captar sus posibles sentidos diferentes. No obstante, Jesús redujo el asunto a su expresión más sencilla: «Yo soy la vid; ustedes son la rama; así que permanezcan en mí, permanezcan conectados a mí». ¿Cuánto puede vivir una rama separada de la vid? Ni un solo momento. La rama necesita de la vid todo el tiempo.

 

Jesús no se propone que esta verdad sea difícil de entender. «Lean mi Palabra», nos dice. «Háganla parte de su existencia. Hablen conmigo y permítanme participar de cada uno de sus días. Agradézcanme por las cosas de su vida». Estas son las elecciones que usted tiene que hacer. Estos hábitos no significan nada si usted los practica en aislamiento; la trascendencia que tienen es que le hacen permanecer conectado a la vid.

 

Por importantes que estos hábitos de Sin amor usted no permanecer conectados a Jesús, hay algo que es incluso más importante.  Hay una profunda conexión entre permanecer en Cristo y el amor. No pierda de vista esta verdad. Es absolutamente vital para vivir los principios de las relaciones personales que se consideran en este libro. Jesús dijo: «Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor… Y éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado» (Juan 15:9-10, 12). Si yo guardo los mandamientos de Jesús, permanezco, me mantengo, continúo conectado a su amor. ¿Y cuál es el mandamiento en el que Jesús se enfoca en estos versículos? Es el mandamiento de amar… de amamos los unos a los otros en respuesta al amor de Jesús hacia nosotros. ¡Vaya! Sin amor usted no puede permanecer conectado al poder y la presencia de Jesús en su vida diaria. Con amor, Jesús garantiza esa conexión.

 

Usted no puede tener un matrimonio cristiano sin permanecer en Cristo… puede ser creyente y estar casado, pero no puede tener un matrimonio que honre a Cristo, centrado en Cristo y semejante a Cristo sin depender de él. Usted no puede dirigir una empresa cristiana sin permanecer en Cristo. No puede ser un padre cristiano sin permanecer en Cristo. No puede llevar a cabo un ministerio cristiano sin permanecer en Cristo. No puede ser un amigo cristiano sin permanecer en Cristo. Puede intentarlo, pero acabará cansado y frustrado. «Permanezcan en mí», exhortó Jesús, «y yo permaneceré ustedes. Entonces darán fruto para mí». Este fruto no es una notoriedad temporal o un triunfo fugaz, sino que es un fruto que tiene un impacto eterno y un gozo duradero.

 

Apartado de Jesús usted no puede dar fruto en su vida. No puede llegar a ser semejante a Cristo alejado de Cristo. Este es un esfuerzo vacío y agobiante. Por otro lado, cuando usted en efecto permanece en Cristo, no puede evitar el dar fruto en su vida. Eso es lo que una rama hace cuando está conectada a la vid.

 

Día TREINTA Y CUATRO

Pensando en mis relaciones personales

Punto para meditar: Yo soy una rama.

Versículo para recordar: Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada (Juan 15:5).

Pregunta para considerar: ¿He estado viendo la obra de Dios en mi vida como un castigo cuando en realidad él ha estado podándome?

Mañana: La decisión diaria de ser humildes.

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