La decisión diaria de ser humildes

Mar 1, 2020 | 40 Dias en Amor

La humildad es un examen diario: ¿Voy a exaltarme a mí mismo, o voy a ser humilde? Nos enfrentamos a este examen con respecto a nuestras ambiciones, nuestra necesidad de que se nos note, nuestra tendencia a comparar, y nuestra relación con Dios.

Si usted escoge la humildad, todo empieza con la forma en que usted piensa con relación a la humildad. Muchos dan por sentado que la humildad tiene que ver primordialmente con la manera en que uno piensa de uno mismo. Esto no es así. No se llega a la humildad concentrándose en uno mismo. La humildad tiene más que ver con lo que uno piensa sobre los demás y acerca de Dios.

 

La humildad es la decisión diaria de pensar acerca de los demás como siendo más importantes que uno mismo.

 

Filipenses 2 es uno de esos capítulos de la Biblia en los que uno siente que debe caminar de puntillas y hablar en voz baja. Es un lugar santo. La descripción de la humildad que Jesús escogió a través de su muerte en la cruz es espiritualmente insólita:

Quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.
Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Filipenses 2:6-8

 

Aunque estas palabras en realidad inspiran asombro, para mí son incluso más asombrosas las palabras que preceden a estos versículos. El versículo 5 dice: «La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús». La imagen de Jesús como un siervo humilde no tiene el propósito de ser un retrato hermoso para admirar en la pared; su propósito es que sea un modelo que nos inspire a actuar con humildad.

 

El versículo 3 de Filipenses 2 dice: «No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos». Esto es lo opuesto a la manera en que la mayoría pensamos. Por lo general «nos consideramos a nosotros mismos como superiores a los demás». Asegúrese de notar que la Biblia no dice que usted debe pensar de sí mismo como menos importante, sino que debe pensar de los otros como más importantes. Pensar que los demás son más importantes quiere decir que uno pone en acción las palabras que siguen: «Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás» (versículo 4).

 

Pablo empieza la consideración de la humildad en estos versículos señalando dos actitudes que garantizan la muerte de una relación personal: «No hagan nada por egoísmo o vanidad… » (Filipenses 2:3a). Egoísmo: ¿Qué consigo yo? Vanidad: ¿Como me veré? Es obvio que estas actitudes son mortales, pero Dios en su bondad a menudo nos hace recordar lo obvio. Él sabe que simplemente porque sepamos algo no quiere decir que lo hagamos. En su esencia, las relaciones personales son un asunto de dar, no de acaparar; por eso el egoísmo es tan destructivo para las relaciones. Conozco parejas que decidieron tener un hijo con la esperanza de que eso satisficiera sus necesidades emocionales. ¡Desastre ferroviario por delante! Recuerde también esto: la vanidad es igualmente destructiva para las relaciones personales. Algunos usan las relaciones como si fueran una pulsera reluciente de oro. «Miren con quien ando» Usted puede estar seguro de que las relaciones bañadas en la vanidad no crecerán.

 

La humildad es la decisión diaria de humillarse a sí mismo bajo la poderosa mano de Dios

 

Pedro declara: «”Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes”. Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte a su debido tiempo» (1 Pedro 5:5-6). Ser humilde no es denigrarse a uno mismo; es ensalzar a Dios. La humildad significa ser sincero en cuanto a quién es usted y quién es Dios, en cuanto a la fuerza y la bondad de Dios, y en cuanto a lo que él puede hacer en nuestra vida.

 

Para animarle en su lucha diaria para exhibir una genuina humildad en su vida, le invitó a copiar las siguientes palabras en una tarjeta y ponerla donde pueda leerla varias veces al día:

  • Humildad no es pensar menos de mí mismo; es pensar más de otros.
  • Humildad no es denigrarme a mí mismo; es ensalzar a Dios.
  • Humildad no es negar mis puntos fuertes; es ser manifiestamente franco en cuanto a mis puntos débiles.
  • Humildad es ver que sin Cristo no puedo hacer nada, ¡pero en Cristo todo lo puedo!

 

Con estas verdades en mente, haga dos cosas sencillas. Conforme avanza su día, admita que es orgulloso y actúe con humildad. ¿Quién no lucha con el orgullo? Con certeza yo sí. Así que simplemente admítalo. El orgullo invade de continuo nuestros pensamientos y con demasiada frecuencia guía nuestras palabras y reacciones. Y luego, actúe con humildad. No espere hasta sentirse humilde; solo escoja actuar con humildad. ¿No es eso ser hipócrita? No, es ser obediente.

 

Dios le ordena que actúe con humildad, así que es la decisión correcta, sin que importe como usted tal vez se sienta. Es más, ni siquiera trate de sentirse humilde. La humildad no se percata de sí misma, y si usted está tratando de sentirse humilde, va a estar tan enfocado en sí mismo que no será humilde ya. Esta es una trampa en la que se puede caer: usted trata de sentirse humilde e incluso puede comenzar a sentirse algo así… y entonces se enorgullece del hecho de que se siente algo humilde y ya no lo es. No trate de sentirse humilde, estas son arenas movedizas espirituales; simplemente actúe con humildad. La humildad significa desechar el egoísmo al preocuparse por completo por otra persona. Actúe con humildad.

 

El orgullo es horrible. Sería fácil permitir que uno mismo se sintiera atascado en el desaliento por lo que ha sufrido debido a su orgullo. ¡No haga eso! Si lo hace, su orgullo seguirá siendo el enfoque… aunque se trate de un enfoque negativo. Su orgullo seguirá teniendo las riendas. Si usted quiere ser grande, decida actuar con humildad y confiar en que Dios quiere hacer algo en su vida que solo él puede hacer.

 

El examen diario de grandeza

 

Mire de nuevo las cuatro partes del examen diario de grandeza que hemos visto en los pasados seis días -cómo la humildad maneja nuestra ambición, nuestra necesidad de ser notados, nuestra tendencia a comparar, y nuestra relación con Dios- y luego hágase estas tres preguntas:

  • ¿Qué ambición puedo entregarle a Dios esta semana?
  • ¿La necesidad de quiénes debo empezar a notar esta semana?
  • ¿Dónde debo honrar a Dios, incluso si me hallo en la silla más humilde? ¿O confiar en él, incluso si estoy en el asiento principal?
  • ¿He empezado a hacer de la fe una carga debido a la trampa del hágalo usted mismo? ¿Cómo puedo escoger expresar una confianza fresca en Dios?

 

Imagínese apenas por un momento la increíble libertad que ofrece la humildad… ser libre de la necesidad de ser notados, de preocuparse acerca de en cuál silla está sentado o no. Ser libre para confiar en Dios y poner en práctica la ambición de su vida. i Una verdadera libertad! Al concluir el estudio de esta semana sobre el principio «las personas más grandes son las que sirven», le invito a que se una a mí en esta oración:

Señor, me cuesta interesarme por los demás. Es mucho más fácil preocuparme por mí mismo. Es simplemente más fácil preocuparme de lo que puedo lograr, cómo se me reconoce y con quién se me compara. Sin embargo, tú me has mostrado el camino. Si me exalto a mí mismo, perderé lo mejor de ti. Cuando me humillo a mí mismo, Señor, descubro que tú puedes darme una fuerza y un poder al depender de ti que no tengo ni puedo tener por mí mismo. ¡Apartado de Cristo no puedo hacer nada, pero en Cristo todo lo puedo! Oro en el nombre de Jesús. Amén.

 

Día TREINTA Y CINCO

Pensando en mis relaciones personales

Punto para meditar: No trate de sentirse humilde; actúe con humildad.

Versículo para recordar: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13).

Pregunta para considerar: ¿Hay algún horrible aspecto del orgullo que he estado ignorando en mi vida?

Mañana: La gran pregunta.

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