Cómo la humildad maneja nuestra relación con Dios

Feb 28, 2020 | 40 Dias en Amor

¿De qué manera la humildad maneja la relación personal que tenemos con Dios? Recordemos nuestra prueba diaria de grandeza: ¿Voy a exaltarme a mí mismo, o voy a ser humilde?

UNA EXPERIENCIA DE LA VERDAD

 

Jesús contó una historia muy sencilla acerca de dos hombres que elevaron oraciones muy diferentes.


El primero era un fariseo, en la cúspide del respeto religioso de
su cultura, y el segundo era un cobrador de impuestos, en el escalón más bajo del reconocimiento. Los cobradores de impuestos eran aborrecidos porque cooperaban con la ocupación romana de Israel. La brecha no podía haber sido más amplia entre estos dos hombres. No obstante, resultó que llegaron al lugar de adoración al mismo tiempo… para elevar sus oraciones en lados opuestos del salón. El fariseo oraba: «Oh Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres +ladrones, malhechores, adúlteros- ni mucho menos como ese recaudador de impuestos. Ayuno dos veces a la semana y doy la décima parte de todo lo que recibe». El cobrador de impuestos elevó una oración mucho más breve: «¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!»

 

Una oración fue un comentario, la otra una confesión. La primera oración se concentraba en impresionar a Dios, la segunda en expresar una necesidad. Un hombre oraba: «Mírame; el otro oraba: -Perdóname». Uno oraba.: «Yo tengo la bendición de Dios»; el otro oraba: «Necesito la misericordia de Dios».

 

Subyaciendo en la parábola de Jesús se halla una pregunta: «¿La oración de quién piensas que Dios escuchó?» Sin que importe cuáles sean sus conceptos preconcebidos en cuanto a los fariseos o los cobradores de impuestos, la respuesta es obvia: Dios oye la oración sincera. Jesús dio del cobrador de impuestos: «Les digo que éste, y no aquél, volvió a su casa justificado ante Dios. Pues todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido).

Basado en Lucas 18:9-14

 

¿De qué manera la humildad maneja la relación personal que tenemos con Dios? Recordemos nuestra prueba diaria de grandeza: ¿Voy a exaltarme a mí mismo, o voy a ser humilde?

 

Cuando uno se exalta a sí mismo, acaba utilizando el diseño del hágalo usted mismo para relacionarse con Dios. Todo depende de usted. No es accidente que este fariseo, sumergido en la religión, hubiera caído en la trampa del hágalo usted mismo... una trampa en la que tal vez sea proclive a caer mientras más tiempo permanezca en la iglesia. Lo que empezó corno una fresca dependencia en Dios puede deslizarse hacia una confianza menos exigente en uno mismo. «Después de todo», piensa usted, «he progresado en esta “cosa de la fe”. Dios, pienso que ya lo he comprendido a estas alturas. Yo me encargo del asunto a partir de aquí». De repente, se encuentra dependiendo de usted mismo.

 

Nadie jamás se propone convertirse en fariseo. Este fariseo no se despertó un día pensando: «En mi búsqueda de Dios me gustaría alejarme de él todo lo que sea posible, así que voy a erigir reglas para mi vida que arruinen mi sentir por él». Él simplemente cayó en eso, paso a paso, regla tras regla, por medio de una condenación de los demás tras otra. Nosotros también podemos caer en eso… tal vez ya lo hemos hecho. La historia sencilla de Jesús acerca del fariseo y el cobrador de impuestos sirve para animamos a salir del desaliento de una vida de hágalo usted mismo.

 

En este relato, Jesús recalcó las señales de la religión del hágalo usted mismo. Estas pueden servir como letreros de advertencias para todos nosotros, mostrándonos que nos estamos alejando de la dependencia en Dios para hacer las cosas por nuestra cuenta:

 

  • Llegamos a confiar en nosotros mismo. El sentimiento de que Dios es afortunado al tenerlo a usted como seguidor empieza a introducirse en lo más profundo de su mente.
  • Empezamos a condenar a otros. Cada vez que usted de forma rápida y fácil cae en la trampa de condenar a otros, da evidencia de que está dependiendo de sí mismo.
  • Nos contentamos con lo externo. «Yo ayuno… y doy una décima parte». No es que haya algo malo en estas cosas externas; se trata de que ellas son todo lo que le queda. Usted se contenta con los ornamentos de la religión.

 

La solución para la trampa del hágalo usted mismo está en confiar en Dios. La noche antes de que Jesús muriera, sabía que sus seguidores estaban preocupados. Ellos estaban confusos en cuanto a lo que iba a suceder exactamente, pero sabían que de alguna manera todo iba a cambiar. Y como todos lo hacemos cuando nos enfrentamos a un futuro incierto, se preocupaban. Jesús los miró a los ojos y dijo: «No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí» (Juan 14:1). ¡Así de sencillo! Confíen en Dios. La palabra griega para «angustiarse» evoca la imagen del agua siendo agitada, como un mar embravecido. Cuando la tormenta se desate, confié en Dios. Recuerdo la tormenta que enfrenté cuando mi madre estaba atravesando las últimas etapas del cáncer. Ella vivía como a dos horas en coche de la ciudad donde yo residía. Una vez a la semana, o algo así, conducía por el valle y las sinuosas carreteras de la montaña para pasar unas pocas horas con ella. Aunque su espíritu tenaz nunca le permitió admitirlo, mi madre se daba cuenta de que no le quedaba mucho tiempo de vida. Ella era creyente en Jesucristo, y yo sabía que se dirigía a una eternidad llena de gozo en el cielo. Sin embargo, no estaba preparado para las olas de emoción que me golpearían mientras la observaba marchitarse, la ola de su cuerpo debilitándose, la ola de su mente volviéndose confusa y agitada. Me sentía traspasado por la realidad de su enfermedad. Ah, yo quería que ella estuviera con el Señor, pero no así de pronto, ni de esa manera. Todo en mí quería hacer algo para detener esto. Así que tomé el camino del hágalo usted mismo. De modo frenético, perseguí toda manera de detener lo que le estaba sucediendo a mi madre. Constantemente me hallé haciendo cosas para tratar de aliviar mi propio dolor… sin que importara si eso tenía algo que ver con mi madre. (No estoy diciendo que no deberíamos hacer todo lo posible por alguien que queremos. Sin embargo, mis actividades a menudo no eran nada más que un agotamiento inútil de energía.)

 

Una noche en que volvía a casa después de verla, el desánimo me abrumó. Mientras daba vuelta en una curva oscura tras otra, me golpeó con insistencia un pensamiento: «¿Cómo puedo posiblemente ayudar a mi madre cuando ni siquiera tengo la fuerza para enfrentar el hecho de que ella está muriéndose?» En ese mismo momento recordé las palabras de Jesús: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso» (Mateo 11 :28).

 

«¡Yo les daré descanso!» La experiencia de estas palabras viniendo a mi mente fue tan poderosa y personal que casi pude percibir a Jesús viajando conmigo en ese coche. En el momento perfecto de Dios, di vuelta en la última curva por la montaña y vi la amplitud y las luces del valle extendiéndose frente a mí. Me impactó el pensamiento de que Dios quería ampliar mi perspectiva, ayudarme a ser más consciente del hecho de que él está obrando, incluso cuando yo no puedo. Debo haberme repetido a mí mismo las palabras «yo les daré descanso» cientos de veces durante las semanas que llevaron a la muerte de mi madre.

 

El dolor era real, pero la promesa de Dios hizo que su presencia y su fuerza fueran iguales de reales. Su promesa calmó la tormenta de mi corazón al enfrentar la muerte de mi madre.

 

Jesús entiende las tormentas que rugen en su corazón. Él le dice: «No permitas que tu corazón se angustie. ¡Confía! Confía en Dios; confía también en mí».

 

Día TREINTA Y TRES

Pensando en mis relaciones personales

Punto para meditar: Su relación con Dios o bien está creciendo en confianza o deslizándose hacia la religión del hágalo usted mismo.

Versículo para recordar: Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso (Mateo 11:28).

Pregunta para considerar: ¿Cómo necesito confesar mis necesidades en oración y depender de Dios para que supla mis necesidades hoy?

Mañana: La vid y las ramas.

Conoce todos los devocionales de la
Serie 40 Días en Amor

¿Quieres recibir estos devocionales en tu correo electrónico?

Todos tus datos se manejan de forma confidencial, podras darte de baja en cualquier momento.