Cómo la humildad maneja nuestra necesidad de ser notados

Feb 26, 2020 | 40 Dias en Amor

Nuestras relaciones personales están colmadas de la necesidad de ser notados. Si usted es padre, mire a sus hijos. ¿Alguna vez compiten ellos por su atención?

Mi esposa y yo tenemos tres hijos, y cuando eran pequeños resultaba casi imposible tomar un retrato de solo uno de ellos. Los otros siempre trataban de salir en la fotografía. Querían que se les notara. Y no son solo los chiquillos los que se esfuerzan para que se les aprecie. Como esposo y esposa, ¿alguna vez han jugado al juego de «Hoyes mi turno de que se me note»?

 

Todos disfrutamos cuando se repara en nosotros. Sin embargo, es demasiado fácil que esta alegría se vuelva una necesidad… hasta convertirse en una droga relacional, Uno puede llegar a ser adicto a la necesidad de ser notado al extremo de que, a fin de sentirse importante, tiene que conseguir esto todos los días.

 

Con la decisión de humillarse a sí mismo, usted empieza a ver al mundo de una manera diferente. En lugar de siempre necesitar que otros lo noten, empieza a percibir las necesidades de los demás. Usted ya no es el único enfoque de la atención de su alma. Descubre una libertad refrescante en ver, interesarse y actuar de acuerdo a las necesidades que ve a su alrededor.

 

Acompañemos a Jesús y sus seguidores para escuchar lo que él tiene que decir con respecto a esto. Al leer el relato, recuerde que los discípulos tiene una discusión real entre ellos en cuanto a quién se halla en la cúspide del grupo y a quién se le nota más… en cuanto a quién va a estar más cerca de Jesús cuando lleguen al cielo.

 

Una de las maneras en que Jesús les enseña a sus discípulos acerca de la humildad es señalando a los dirigentes religiosos de su época: «Pero no hagan lo que hacen ellos… Todo lo hacen para que la gente los vea» (Mateo 23:3,5). Ellos necesitaban que otros los notaran. Eran hombres muy religiosos, pero toda acción religiosa surgía de su necesidad de ser notados. Jesús reserva sus palabras más incisivas para estos dirigentes. Él sabía que estaban usando la religión como una cobertura para satisfacer la necesidad de que repararan en ellos. También sabía que todos los estaban mirando como modelos… y se trataba de un modelo que Jesús no quería que sus discípulos adoptaran en sus vidas.

 

Jesús les dio a sus discípulos una lista de tres cosas que servían como señales indicadoras de la necesidad de ser notados: «Usan filacterias grandes… se mueren por el lugar de honor en los banquetes… y porque la gente los… llame “Rabí”» (Mateo 23:5-7). Esta es una buena lista de los métodos que todavía usamos en nuestros esfuerzos para que nos noten.

 

Usan filacterias grandes

 

Una filacteria suena como algo que se halla en un museo de historia natural. Uno casi puede oír la voz nasal del guía del museo que dice: «En esta exposición tenemos los restos fósiles del pterodáctilo y la filacteria».

 

No obstante, una filacteria era un estuche pequeño que se llevaba en la frente y que contenía versículos de las Escrituras, el cual tenía el propósito de honrar la enseñanza del Antiguo Testamento de llevar la Palabra de Dios con uno todo el día. El orgullo se había introducido en el uso de estas filacterias. Un fariseo hacía su estuche bíblico un poco más grande que el del otro fariseo, mostrando que tenía más de la Biblia en su mente. Entonces el siguiente hacía su estuche un poco más grande que el del segundo. Y las filacterias seguían creciendo y creciendo. i Ya pueden imaginarse a estos fariseos caminando con estuches del tamaño de un almacén en la cabeza porque eran muy espirituales!

 

La filacteria es una imagen perfecta de nuestro amor por los símbolos. Cuando nos dejamos atrapar por la necesidad de que se nos note, empezamos a amar los símbolos. Miramos a estos antiguos dirigentes religiosos y pensamos: «[Qué ridículo que anden llevando estuches en la frente!» No nos parecemos en nada a ellos, ¿verdad? Nosotros somos mucho más sofisticados. Andamos por todas partes con pequeños logotipos en nuestras camisas a fin de sentimos importantes, no con estuches en la cabeza. Somos muchos más espirituales que ellos. Compramos un coche con el símbolo que toda nuestra vida hemos estado soñando con poder pagar. Y luego lo conducimos por todas partes pensando que todo el mundo está notándonos porque estamos conduciendo con ese símbolo en nuestro coche. «Probablemente todos quieren ser como yo», pensamos. Nos encantan los símbolos.

 

Con honestidad, no pienso que Dios se interese por el logotipo que llevamos en la ropa o insista en que uno compre el coche más barato. Usted no tiene que conducir un Hyundai para ser santo. Sin embargo, Dios sí se preocupa acerca de por qué usted conduce el modelo de coche que conduce. Sí se preocupa con relación a por qué se pone la ropa que se pone. Él se preocupa en cuanto a por qué usted vive en la clase de casa que vive. Jesús nos dice que nos mantengamos vigilantes para no organizar todo en nuestras vidas alrededor de la necesidad de ser notados. Esta necesidad puede ser tan consumidora que tiene el potencial de destrozar incluso las relaciones más importantes.

 

Les encanta el lugar de honor en los banquetes

 

Los que necesitan ser notados no solo aman los símbolos; también les encanta el reconocimiento y el honor. Para estos dirigentes religiosos, eso quería decir asegurarse de tener un lugar en la mesa principal del banquete… un lugar en donde otros pudieran verlos y pensar: «Él debe ser importante; miren donde está sentado». Nosotros también podemos enamoramos de las mesas principales. A todos nos gusta ver nuestro nombre en el programa, oír que se nos menciona, y recibir honores que dan a conocer a otros que hemos trabajado duro. La búsqueda más popular en Google en la Internet es la del propio nombre de uno para ver si aparece primero. Este interés natural en nosotros mismos puede fácilmente convertirse en un amor por el honor. Llegamos al punto en que tenemos que ver nuestro nombre en el programa, esperamos oír que se nos menciona, y el honor potencial se convierte en la razón misma por la que trabajamos duro. Si alguna vez le han arruinado una noche porque nunca mencionaron su nombre, usted entiende este amor por el honor.

 

Les encanta que los hombres los llamen «rabí»

 

De nuestra necesidad de ser notados nace un amor por los símbolos, un amor por el honor y el reconocimiento, y por último, un amor por los títulos. No bastaba con ser un maestro; estos dirigentes religiosos de los días de Jesús querían oír a la gente llamándolos «maestro».

 

No hay nada inherentemente malo con los títulos, y los mismos pueden servir para que otros conozcan acerca de nuestras responsabilidades. Recuerde que un título es importante solo si expresa nuestra capacidad de servir a otros. Si empiezo a sentir dolores en el pecho en un avión, me encantaría tener junto a mí a una persona que diga: «Yo soy el doctor John Jones; ¿cómo puedo ayudarlo?» Los títulos puede ser una expresión de una disposición a servir.

 

Sin embargo, los mismos títulos que expresan nuestro deseo de servir pueden llegar a ser algo que nos encanta debido a la notoriedad que brindan. ¿Cómo sabe uno si está enamorado del título? ¡Uno tiene que oírlo! Oír el título le hace sentir importante, así que mientras más a menudo pueda escucharlo, mejor.

 

Notando las necesidades de otros

 

Enaltecerse a sí mismo significa tener necesidad de que otros lo noten. Y esta es una necesidad que nunca se satisface. Si usted va por ese camino, hallará que mientras más reconocimiento recibe, más necesita. Sin embargo, puede tomar una decisión diferente. Puede escoger humillarse y percatarse de las necesidades de otros. La única manera de curarse de esta necesidad de ser notado es empezando a percibir las necesidades de los demás.

 

En un poema titulado «Me pregunto», Ruth Harms Calkin formula una pregunta penetrante:

 

Tú sabes, Señor, como te sirvo con gran fervor emocional bajo los reflectores.

Tú sabes con cuánto fervor hablo por ti en el club de mujeres.

Tú conoces mi entusiasmo genuino en un estudio bíblico. Sin embargo, ¿cómo reaccionaría yo, me pregunto, si me señalaras una palangana de agua y me pidiera que lavara los pies encallecidos de una anciana encorvada y arrugada día tras día, mes tras mes, en un cuarto donde nadie viera y nadie supiera?

 

Esa es una pregunta llena de humildad… y también esta: ¿Estoy sirviendo porque necesito que se me note o debido a que he notado a los demás y quiero atender sus necesidades? No sé para usted, pero para mí este poema toca algunos puntos sensibles. Me encanta que me noten cuando sirvo. A menudo recuerdo lo que C. S. Lewis dijo en cuanto a la humildad: «Si a alguien le gustaría adquirir humildad puedo, según pienso, decirle el primer paso. El primer paso es darse cuenta de que uno es orgulloso».** La verdad horrible pero evidente en cuanto a mí es que soy orgulloso. Todos tenemos que lidiar con el orgullo en nuestras vidas. Hay un lugar en todos nosotros, a veces un lugar enorme, que preferiría que se notaran nuestras necesidades en lugar de notar las necesidades de los demás. La clave para las grandes relaciones personales es permitir que Jesús invierta esta preferencia.

 

Nuestra necesidad de ser notados es real. Así que, ¿cómo hacemos a un lado esta necesidad para enfocamos en las necesidades de otros? He aquí la única respuesta: confíe en que Dios atenderá su necesidad de ser apreciado! Sumérjase en la verdad de que Dios ha prometido atender todas sus necesidades. Pablo rebosa de esta confianza: «Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús» (Filipenses 4: 19). Dios no nos da todo 10 que queremos, pero sí nos proporciona todo lo que necesitamos. Confíe en él, incluso cuando no le dé todo 10 que usted quiere, y siga pidiéndole 10 que necesita. Esta confianza en que Dios suplirá todas sus necesidades le da una nueva libertad para poder notar y atender las necesidades de los demás.

 

Dios suplirá su necesidad de reconocimiento. Él entiende que usted tiene esta necesidad. Él lo percibe de maneras que usted no tiene la capacidad de ver. Y un día él 10 notará de una manera que usted no podrá dejar de ver. En ese día, los que le aman estarán ante él, y Dios nos mirará de manera individual y personal, lleno de amor, y dirá: «Bien hecho, siervo fiel y bueno». Cuando usted oiga estas palabras, el reconocimiento de otros que ha buscado toda su vida palidecerá en comparación. Solo él puede y atenderá todas sus necesidades.

 

Elija notar las necesidades de otros… no solo las necesidades de sus amigos, sino las necesidades de esa persona en el supermercado que le irrita estorbándole y oprimiendo todo durazno en venta, o de la vendedora que parece algo lenta, o de la persona en el cubículo junto a su oficina que se ha convertido en su enemigo jurado.

 

Tal vez su compañero de trabajo escucha música a un volumen lo suficiente alto como para en realidad fastidiarlo. Cada vez que él se levanta para ir al baño, usted quiere meterse a escondidas en su oficina y retorcer todas las presillas de papel hasta dejadas como si fueran rosquillas. ¿Qué tal si esta semana decide notar el hecho de que él tiene algunas necesidades? ¿Qué tal si cuando usted va a buscar un refresco, le trae uno también a él? No diga: «Te voy a dar este refresco, pero baja el volumen de la música». Simplemente déselo como una expresión de bondad. Note el hecho de que él tiene necesidades, y empiece a tratado como ser humano. Con certeza, le hará un bien a él, e igual de importante, se hará un bien usted mismo. Cuando uno empieza a atender las necesidades de los demás, comprueba que su propio nivel de estrés se reduce. Una pequeña bondad ejercerá más impacto de lo que usted puede posiblemente imaginarse. La Madre Teresa una vez dijo: «Tenemos una oportunidad de amar a otros como él nos ama, no en las cosas grandes, sino en las cosas pequeñas con un gran amor».

 

Una vida enfocada en usted mismo y en atender sus propias necesidades nunca será una gran vida, porque la misma no puede crecer más que usted. Toda gran vida se concentra en atender las necesidades de los demás.

 

Día TREINTA Y UNO

Pensando en mis relaciones personales

Punto para meditar: La única manera de curarse de la necesidad de ser notado es empezando a percibir las necesidades de los demás.

Versículo para recordar: Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente (Romanos 12: 10).

Pregunta para considerar: ¿Cuál necesidad al parecer pequeña de otra persona puedo atender hoy?

Mañana: Cómo la humildad maneja nuestra tendencia a comparar.

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