Ame a sus enemigos

Mar 4, 2020 | 40 Dias en Amor

Si usted se parece en algo a mí, las palabras de Jesús en las que reflexionaremos hoy le desafiarán hasta la misma médula… tal vez incluso hasta el punto en que querrá dejarlas a un lado y conformarse con un tipo inferior de amor; un amor que es cómodo, pero que no cambia la vida.

Y sin embargo, algo en nosotros simplemente no puede conformarse con lo que sabemos que es inferior… no cuando conocemos que Jesús ofrece algo más. Le animo a recordar lo que examinamos ayer: el amor sacrificado solo puede existir por medio del poder de Jesús.

 

Jesús nos enseñó de este amor:

 

¿Qué mérito tienen ustedes al amar a quienes los aman?

Aun los pecadores lo hacen así. ¿Y qué mérito tienen ustedes al hacer bien a quienes les hacen bien? Aun los pecadores actúan así. ¿Y qué mérito tienen ustedes al dar prestado a quienes pueden corresponderles? Aun los pecadores se prestan entre sí, esperando recibir el mismo trato. Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, háganles bien».

Lucas 6:32-35

 

Si actúa con amor solo hacia los que hacen lo mismo por usted, en realidad no está haciendo nada extraordinario. Jesús enseñó que la regla de oro no es de oro a menos que se aplique a toda persona… lo cual, por supuesto, incluye a sus enemigos.

 

El primer y más grande mandamiento es amar a Dios. El segundo mandamiento es amar al prójimo. El nuevo mandamiento es amamos los unos a los otros. Y la regla de oro es amar incluso a los enemigos. Dios, el prójimo, unos a otros, los enemigos… ¡eso incluye a toda persona!

 

Amar a los enemigos en realidad amplía el círculo del amor. Jesús no dice que a uno tiene que gustarle todo 10 que hacen los enemigos. Puede haber acciones que los enemigos hacen y uno aborrece. Amar no quiere decir «gustar». Usted no tiene que abrazar a un enemigo y decirle: «Eres mi compañero». Amar quiere decir poner en práctica la regla de oro hacia esa persona: tratarla como uno quisiera que ella lo tratara a uno.

 

«Está bien, debemos amar al enemigo. Es algo difícil, pero procuraré hacerlo», nos decimos a nosotros mismos. Pero entonces Jesús nos habla de manera específica. Nos ofrece imágenes de lo que quiere decir. Con anterioridad en el Sermón del Monte, Jesús se concentró en cómo tratamos de manera habitual a nuestros enemigos personales:

«Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente.” Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal.

 

Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la camisa. Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda».

Mateo 5:38-42

«Ojo por ojo y diente por diente», o «Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes»… dos formas muy diferentes de vida.

 

Las palabras de Jesús en estos versículos son tan desafiantes que es difícil abarcarlas con nuestra mente. ¡La tentación inmediata es cambiar el tema y desviar de nosotros la atención! Algunos se enfocan en las palabras de Jesús como si se refirieran más a las naciones como enemigos que a los enemigos personales… lo cual, por supuesto, yerra el punto. Estos versículos tratan en todo momento de cosas muy personales: una bofetada en la mejilla, una capa que se nos quita, un paquete que se lleva en la espalda. Considerar lo que la Biblia dice en cuanto a la guerra es algo valioso, sin embargo, me temo que en nuestro intento de llevar estos versículos en esa dirección perdemos de vista el significado personal y relacional que Jesús obviamente había previsto. Estos versículos no tratan de cuestiones geopolíticas amplias y complejas, sino de asuntos directos y dolorosamente personales.

 

Las relaciones personales a menudo no marchan como quisiéramos que marcharan. La manera de Jesús de enmendar un mal no es actuar en desquite, sino seguir la regla de oro. En lugar de aconsejamos que mostremos resistencia, rechazo o intentemos desquitamos, Jesús nos desafia a tratar a otros como quisiéramos que nos trataran. Jesús enseñó que la regla de oro se debe aplicar no solo cuando las relaciones marchan bien, sino también cuando marchan mal.

 

Jesús ilustra en estos versículos lo que quiere decir amar a un enemigo. Para la mayoría de las personas, estas palabras de Jesús al inicio levantan algunas preguntas… preguntas que pueden conducimos a un nuevo nivel de amor. Él habla de una bofetada insultante en la mejilla. Y cuando dice: «Vuélvele también la otra», nos rascamos la cabeza preguntándonos: «¿Quiere esto decir que tengo que permitir que otro me haga daño?» «¿Quiere esto decir que un niño no puede defenderse en la escuela?» «¿Quiere esto decir que los cristianos deben conformarse con que se les vea como cobardes pusilánimes?» Sin embargo, al mirar el ejemplo de Jesús, que volcó las mesas y expulsó del templo a los que estaban aprovechándose financieramente de otros (Juan 2:14-16), vemos que esto no está exactamente en correspondencia con la versión de «simplemente acepta lo que sea que otro quiera hacerte» de Mateo 5:38-42.

 

Siempre que tengo problemas para entender un pasaje bíblico difícil, la vasta mayoría de las veces se debe a mis propias presuposiciones y al lastre cultural. Jesús habla de situaciones en las que lo insultan a uno -cuando le dan una bofetada en una mejilla- y no de situaciones en las que uno se ve amenazado por las acciones de un buscapleitos en el patio de la escuela, o de un ladrón que se introduce en nuestra casa, o de un cónyuge violento y abusivo. En la cultura de Jesús, una bofetada en la mejilla derecha se entendía claramente como una bofetada con el reverso de la mano… lo cual era dos veces más insultante que un golpe con la palma abierta. Cuando Jesús nos dice que volvamos la otra mejilla, el significado está claro por completo: en lugar de escoger la venganza, debemos escoger el amor. La venganza hace que nos desquitemos golpeando al otro; el amor vuelve la otra mejilla, con la esperanza de que eso despierte a la otra persona y la impulse a cambiar. Sin embargo, incluso si no cambia, uno ha decidido no permitir que el insulto del otro lo convierta a uno en una persona que también insulta. Usted ha escogido amar. Jesús está estimulando un acto de valentía, no de cobardía. La regla de oro es una decisión a favor de una vulnerabilidad valiente.

 

Jesús habla del mismo modo de alguien que quiere entablar pleito y quitarle a uno su capa. Cuando Jesús dice: «Dale también la camisa», muestra cuánto valora las relaciones personales por sobre las posesiones. Él no está hablando de pleitos legales entre empresas; está hablando de relaciones personales. Perdemos de vista el poder y el impacto personal de la enseñanza de Jesús cuando nos enfrascamos en debates filosóficos más allá de los límites de lo que el Señor está considerando. Él está hablando de relaciones personales y diciéndonos que un espíritu de venganza o amargura es un precio demasiado alto que pagar por la pérdida de una capa. Y que el regalo de una camisa no es un precio demasiado grande que pagar por incluso la posibilidad de una relación personal restaurada. La regla de oro es una decisión para una posible restauración.

 

Luego Jesús habla de una persona que exige que uno lleve su carga por un kilómetro. Cuando Jesús dice: «Llévasela dos kilómetros», está animándonos a personalizar la exigencia con la respuesta sorprendente del sacrificio. Cuando un opositor trate de quitarle algo, decida dárselo. La regla de oro es una decisión a mostrar un amor que no se rinde.

 

Jesús entonces habla de darle a alguien 10 que quiere pedir prestado. ¡Eso es demasiado sencillo, demasiado claro, demasiado penetrante! La regla de oro es una decisión de ofrecer ayuda práctica.

 

Jesús pone un ejemplo tras otro porque sabe que tendremos dificultades para captar este concepto. Nos gusta pensar que en cierta medida podemos vengamos del que nos ha hecho daño sin que se afecte nuestra alma, o que podemos rehusamos a ayudar a alguien que nos pide prestado sin que eso impacte nuestros corazones. Jesús, que nos conoce mejor que nosotros mismos, nos dice que no es así, En todos estos ejemplos Jesús enseña lo mismo: cuando alguien está tratando de quitarle algo a uno, hay que sorprenderlo y decidir dárselo. En lugar de volverse protector o vengativo, hay que elegir amar. «¿Pero eso no significa ser alguien permisivo y codependiente?», usted tal vez se pregunté. «¿Debo tolerar que la gente me pisotee?» Por supuesto que no. Jesús no está hablando de permitir que otra persona lo controle a uno. Se trata justo de lo opuesto. Él está animándole a mantener el control de la situación al escoger actuar con un amor radical hacia alguien, incluso si lo tratan como a un enemigo. Dios no lo creó para que usted fuera codependiente o independiente; lo creó para que dependiera de él.

 

Jesús está mostrándonos que tenemos una relación personal incluso con un enemigo. Él nos enseña que la única manera de ganarle a nuestro enemigo es haciendo el bien… y esta es también la única manera de mantener nuestra dignidad espiritual en una situación difícil. En lugar de permitir que nuestro enemigo nos quite nuestros derechos, escogemos dárselos.

 

En lugar de tratar de aplicar la regla de oro a toda relación en su vida a la misma vez por el resto de su existencia, empiece con una relación personal y una decisión hoy. Sepa esto: Cuando usted toma la más ligera decisión de amar de esta manera, hace una decisión de ser como Dios. «Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos» (Mateo 5 :44-45).

 

Permita que esta verdad le anime mientras aplica la regla de oro un pequeño pasó a la vez: Dios ha puesto en práctica la regla de oro como ningún otro, y en su gracia nos muestra cómo hacerlo. Él nos amó cuando todavía éramos sus enemigos. Pablo nos dice: «Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8). Jesús vino a esta tierra e hizo por nosotros lo que no podíamos hacer por nosotros mismos. Y lo hizo «cuando todavía éramos pecadores»… mientras todavía estábamos rechazando el plan de Dios y viviendo nuestras propias vidas egoístas. No hay mejor ejemplo de amar a los enemigos que el amor de Dios por usted.

 

Jesús puede enseñamos sobre esto porque él 10 vivió en la práctica:

  • Él recibió más de una bofetada en la cara; soportó los insultos que le lanzaron en la cruz.
  • Nadie entabló pleito para quitarle su capa; se la arrancaron dela espalda, mientras los soldados hacían un sorteo entre ellos para ver a quién le correspondía llevársela.
  • No lo obligaron a llevar una carga durante un kilómetro por un camino rural; 10 obligaron a cargar por las calles de Jerusalén la cruz en la que iba a morir.

 

Jesús tenía todos los derechos de Dios en carne humana, pero no los exigió. Aquellos que se opusieron a él no le quitaron sus derechos; él los cedió de forma voluntaria. Jesús nos amó cuando éramos sus enemigos.

 

Día TREINTA Y OCHO

Pensando en mis relaciones personales

Punto para meditar: Cuando alguien esté tratando de quitarle algo, sorpréndalo y decida dárselo.

Versículo para recordar: Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8).

Pregunta para considerar: ¿Le he pedido a Dios la fuerza para actuar con amor hacia alguien que está tratándome como a un enemigo?

Mañana: Olvídese de lo ideal, vaya por lo real

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